La Droga no es el problema, es el móvil

  • Nos urge rever como estamos criando a nuestros niños, como la escuela forma a los seres humanos, y como los padres crían a sus hijos.

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    Un consumidor de drogas es un ser humano que busca anestesiar su dolor, el problema del consumo no es la droga, es el dolor, es el vacío, es la falta de metas y la falta de herramientas para transitar en la vida; el problema al que nos enfrentamos no está en el narcotráfico, está en la manera en la que criamos y creamos a nuestros hijos, los nuevos seres humanos.

    Voy a dejar por sentado que hay inferencia genética en un adicto, pero para sembrar una planta nos hace falta una semilla y tierra, la genética sería la tierra, y la semilla la crianza. Sin semilla no hay planta, no hay adicto. Con la genética no podemos hacer nada, si le echamos toda la culpa a la genética no hay nada que podamos hacer. Si nos paramos con valentía a ver la manera social y psicológica en la que criamos a estos seres humanos nuevos, padres, docentes, sociedad entera, si podemos cambiar, si podemos manejarlo, podemos hacerlo “nuestro problema y desde ahí si podemos hacer… y mucho!

    Nos urge rever como estamos criando a nuestros niños, como la escuela forma a los seres humanos, y como los padres crían a sus hijos.

    La forma en la que hacemos sentir a nuestros niños, la forma en la que les mostramos qué es la vida y cómo funciona el mundo.
    Saliendo de las drogas y pasando a la adicción hoy todos estamos en problemas, hoy todos tenemos un dispositivo móvil que por un lado nos ha conectado con puntos inimaginables del mundo, y por otro lado nos aleja de los que están cerca.

    Las redes sociales han hecho un negocio millonario con la inagotable sed de conexión que sentimos los humanos, y con las escasas herramientas que manejamos caemos en las tecno adicciones, en la falsa idea de estar conectado y estar solo. Vivimos en tiempos donde los adolescentes postean que se van a suicidar y luego lo hacen.

    Hay dos sensaciones que nos hacen real y profundamente felices, no están en el exceso de dopamina inducida, ni en tener millones de dólares o en la juventud eterna, son mucho más disimuladas y cuando las sentimos nuestro corazón vibra, cabalga, nos sale del pecho: la gratitud y la conexión con el otro, la comunión con el otro igual a mí.

    Hemos reemplazado la mirada por el “estado”, y esto no sólo nos saca la conexión, además nos saca la gratitud, el sentirnos agradecidos a alguien porque alguna vez nos sentimos conectados a ese alguien, a un proyecto, a una idea, a un amor.

    Estamos tomando un camino de anestesia, nos jugamos bajo y al hacer esto las ganancias son mediocres. Por supuesto que el involucrarse con el otro, el sentir con el otro, el vivir con el otro trae mucha frustración, Tal vez no nos guste que nos lleven la contra, o que nos digan que no, pero solo pagando el precio por lo real ganamos más realidad. Pagando el precio de lo barato nos quedamos en relaciones mediocres.

    Al vivir en la mediocridad, sin herramientas para construir una vida, sin metas, con información genética en contra y con la disponibilidad de las anestesias “drogas, redes sociales, exceso de trabajo, comida, sexo, ejercicio físico, juegos de azar “ nos exponemos a un cóctel que como mínimo degrada nuestra calidad de vida.

    Paraguay está llamado a despertar de esta anestesia, estamos llamados a darnos cuenta de que algo está pasando y que eso que pasa no gusta, hemos crecido y progresado y aún así no somos felices.

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