Mario Ferreiro nos ayuda

  • Un testimonio de vida que representa un relato aleccionador de superación.

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    Como madre de un hijo de 17 y uno de 14 vivo con el fantasma del alcohol y las drogas. A veces siento que soy floja y otras que me pongo obsesiva con el tema. Por más que sé que no hay una fórmula secreta, siempre trato de buscar alguna ayuda que me oriente. Supongo que esto no solo me pasa a mí sino a la mayoría de los padres de adolescentes. Con todo el respeto que se merece recurrí con algunas preguntas a Mario Ferreiro, quien lleva 11 años y 3 meses limpio y sobrio.

    Mario pertenece a una comunidad muy semejante a AA llamada NA. Y si bien su tarea es discreta, y el anonimato es completo. Algunas personas, como él, eligen romper muy pocas veces este anonimato con respecto a su persona para pasar un mensaje a los adictos que todavía sufren o en este caso a todos los padres que tenemos preguntas e inquietudes.

    ¿Cómo madre de hijos adolescentes que aspectos tengo que cuidar?

    No hay tarea preventiva infalible. Hay que entender que la adicción ES UNA ENFERMEDAD, y como tal TODOS ESTAMOS EXPUESTOS A ELLA, sin importar credo, nivel educativo ni una condición familiar determinada. Pero es cierto que una actitud de indiferencia hacía nuestros chicos y de escaso o nulo afecto, de permanente ausencia o desinterés absoluta con respecto a sus cosas, contribuyen a crear condiciones más propicias para que dicha enfermedad, física, mental y espiritual se desarrolle.

    ¿Cuáles son las alertas de un adolescente que está consumiendo drogas o abusando del alcohol?

    No es fácil identificar esos síntomas, ya que los adictos nos perfeccionamos rápidamente en el arte de la disimulación y sobre todo de la negación. Además, hay que tener en cuenta que el adicto enferma a toda la familia, a todo su círculo, generando una negación colectiva que sólo termina cuando se confronta con el problema y se le hace saber a la persona que su situación ya es conocida por todos. A veces este proceso toma mucho tiempo. Pero en cualquiera de los casos lo peor que podemos hacer es «encubrir» al adicto o ayudarlo a construir sus justificaciones. El primer paso de la recuperación es LA ACEPTACIÓN, tanto del adicto como de la familia.

    ¿Cómo debería reaccionar ante estas alertas?

    La reacción debe ser madura, serena, pero al mismo tiempo firme. El adicto debe entender que su conducta es un problema y que está contrayendo una enfermedad incurable, progresiva y mortal que solo se puede detener cada 24 horas mediante la abstinencia total al consumo de todo tipo de substancia que modifica su conducta. Muchas veces esto precisa de una internación en clínicas especializadas para parar el consumo, luego de las cuales la persona afectada debe asistir a los grupos de autoayuda que por suerte ya existen hace mucho tiempo en nuestro país.

    ¿Ante la duda ¿cuál es el primer paso que debo dar?

    Los padres no deben temer la consulta directa con los grupos de ayuda o con los profesionales especializados, incluso antes de que sus hijos acepten recibir algún tipo de ayuda. Esto les dará las herramientas para encarar el tema con sobriedad, sin escándalos innecesarios y sobre todo ejerciendo las acciones apropiadas para encausar al adicto hacía la aceptación de su enfermedad. Pero no olvidemos: es muy difícil, por no decir imposible, ayudar a quién no quiere ser ayudado.

    ¿Cómo se llega al mundo de las drogas? Te invitan, te ofrecen o se buscan en el afán de tener sensaciones diferentes?

    Hay que entender que la droga de mayor consumo y tan mortal como las demás es el alcohol, socialmente aceptada en todas partes y de fuerte presencia en las reuniones juveniles. Puede ser puerta de entrada pero también de salida hacía el peor final. Tenemos que romper el mito de que el alcohol es apenas una droga de ingreso a otras mas fuertes. Si un chico o una chica mantiene un consumo sostenido y elevado de alcohol probablemente ya se está volviendo adicto a esa substancia, y la mayor cantidad de muertes en el Paraguay, sigue siendo a causa del consumo compulsivo de cerveza, whisky, caña, tequila, vodka y otros productos similares. El resto de las drogas también circula con facilidad entre nuestros jóvenes DE TODOS LOS NIVELES SOCIALES, desde la marihuana hasta el crack, pasando por la cocaína y los productos farmacéuticos de venta supuestamente restringida.

    ¿Es realmente cierto que la compañía (mala) influye o basta con la educación que le damos en casa para prevenir estas adicciones?

    No hay una fórmula que tenga como resultado quien contraerá la enfermedad y quién no. Todos estamos expuestos a ella. La contención familiar puede ayudar pero a veces no alcanza. Las «malas compañías» pueden ser evidentemente disparados, pero la adquisición o no de un comportamiento es un hecho tan complejo que hasta hoy cuesta mucho identificar las verdaderas razones por las que una persona se hace adicta. Por lo tanto, más allá de las previsiones que uno pueda tomar y de las restricciones que uno pueda imponer a los menores en materia de amistades y lugares a visitar, hay que estar preparados para actuar cuando la enfermedad se declara, acudiendo a las personas especializadas y a las líneas de ayuda de NA.

    ¿Se puede hacer una cruzada en contra del alcohol y las drogas?

    Esas acciones ayudan, pero no garantizan 100 % de eficiencia. A veces cuando más se mitifica «el peligro que suponen las drogas» los jóvenes sienten mayor curiosidad. En el caso del alcohol hay que alentar al consumo moderado y responsable. Y en el caso de las demás drogas hay que explicar claramente los problemas legales que implican su consumo y las consecuencias clínicas que su consumo reiterado generan en el organismo. El aliento a la práctica de deportes y el acceso a alguna forma de espiritualidad pueden ayudar, pero tampoco «blindan» al joven de hacer su experiencia con drogas.

    ¿Hay alguna característica en las personalidades de los adictos (Tanto al alcohol como a la droga) que tengamos que tener en cuenta?

    Casi toda la literatura sobre el tema habla del estado de aislamiento en el que entra el joven, el cambio de hábitos, la falta de concentración, el paulatino fracaso en los estudios, etc. Sin embargo, no hay un patrón exacto de conducta que nos pueda definir quien será adicto y quién no. En cualquiera de los casos, el efecto nocivo de las drogas (incluyendo el alcohol) se da en el mediano y largo plazo, a veces cuando ya es demasiado tarde, por eso es tan difícil su tratamiento efectivo. Cualquier camino de recuperación nunca será inmediato y supone un cambio de vida radical.

    Siendo hoy un padre de familia, un profesional exitoso y con la experiencia de vida que tuviste, qué harías y que no harías con tus hijos con respecto a este tema?

    En mi caso particular no tengo reclamos a mis padres o mi familia por haber contraído en su momento esta enfermedad. Gracias a los grupos de recuperación aprendí que pueden existir miles de razones o ninguna para ser adicto, pero al mismo tiempo se que puedo detener por 24 horas el consumo y comenzar de vuelta mañana otra jornada sin ningún tipo de substancias. Por lo tanto, lo único que podemos dar siempre a nuestros hijos es mucho amor, que -como se sabe- no es sinónimo de sobreprotección ni de abundancia de cosas materiales.

    ¿Qué viene antes de una adicción?

    Nada fuera de lo normal. Generalmente los adictos somos personas de gran sensibilidad. La adicción no es un defecto moral ni un «castigo de Dios». Es una enfermedad. Por lo tanto hay que atacarla como tal. Haciendo un tratamiento diario, intenso y para toda la vida.

    ¿Por qué el adicto cambia? En algún momento te sentiste excluido de la sociedad, de tu familia?

    Por mil motivos y por ninguno. Podemos pasar toda la vida tratando de averiguar porque nos pasó esto o por qué le toco a un ser querido. Eso servirá de muy poco si no actuamos. Ante los hechos se requiere acciones concretas: aceptación, tratamiento, abstinencia y cambio de hábitos. Un combo difícil pero no imposible.

    ¿Hubo cambios en tu apariencia personal?

    Pueden pasar muchos años sin que se note demasiado dichos cambios. Hay gente que va al gimnasio, práctica deportes regularmente y hace una carrera profesional, pero que al mismo tiempo puede estar desarrollando una adicción. El bebedor social, el fumador ocasional de porros o el que necesita de pastillas para poder dormir puede enfermarse sin darse cuenta. No se trata siempre de un proceso consciente y siempre el adicto tiene la idea errada de que puede «controlar» su consumo. Hasta que «una es demasiado y mil no son suficientes». Lo primero que se recupera en rehabilitación es lo físico, lo segundo lo mental, pero recién se logra una recuperación feliz cuando nos recuperamos espiritualmente».

    ¿Qué es lo peor de la adicción?

    La soledad. La desesperación. No encontrar la salida. El darse cuenta perfectamente de que uno se está muriendo y no hacer absolutamente nada al respecto. El deterioro de la familia. La pérdida sostenida de todos los afectos. El adicto no pueda amar a nadie porque no se ama a sí mismo. Las drogas son exactamente lo contrario a la libertad. Te encierran en una cárcel de la que solo se sale en libertad condicional cada 24 horas. La buena noticia es que SI podemos recuperarnos.

    ¿Qué proyectos no los pudiste concretar por culpa de la adicción? (que parte de tu vida perdiste)?

    Decenas, quizá centenas de proyectos. Pero ya no perdemos el tiempo lamiendo nuestras heridas. Decimos: «ayer ya fue, mañana todavía no llega, vivo sólo por hoy. Disfruto de cada día, que es un regalo de Dios, por eso lo llamamos PRESENTE».

    ¿En qué momento sentiste la necesidad de pedir ayuda?

    Cada adicto siente en varios momentos de su consumo que está llegando al fondo. Algunos experimentan el milagro de poder pedir ayuda. A mi me tocó a los 42 años. Pero no hay edad para ello. En NA hay chicos de 16 años y veteranos de 75. Cada persona experimenta particularmente su propio fondo o final del camino. Lo milagroso es que pueda ocurrir antes de que sea demasiado tarde. Y allí entra a tallar la fe que cada uno de Nosotros desarrollamos en un Poder Superior que nos ha quitado la compulsión por el consumo. Para ello el adicto debe hacer su parte (que en NA se enumera en 12 pasos) y dejar los resultados en manos de ese Poder que está por encima de Nosotros, de nuestra substancia preferida y de nuestras ganas irrefrenables de consumir. ¡Y si, se puede!

    ¿Son efectivos los tratamientos?

    Todo tratamiento para dejar de consumir es recomendable y válido. En NA no tenemos opiniones especiales sobre eso. No hacemos diagnósticos ni recomendamos tratamientos ya que no somos profesionales de la salud. Tenemos la fortaleza del adicto que ayuda a otro a dejar de consumir si fuera posible por un día. Cuando nos damos cuenta han pasado miles de 24 horas limpios y serenos.

    ¿Hay algo en especial que nos quieras transmitir o aconsejarnos?

    Agradecer profundamente a la Hermana Regina Sian (0981871468), quién trajo los programas de AA y NA a Paraguay y dejar la línea de ayuda para todos aquellos que quieran consultar o pedir ayuda, con total discreción por supuesto: 0981288008

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