Violeta Acuña, la chica mala de Luna de Cigarras

  • La actriz cuenta que debió estudiar a la polémica Carmen Villalba para construir su personaje de película.

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    Fátima Rodríguez/ farodriguez@gmail.com

    La cita era en un café del centro de Asunción. ¡Oh sorpresa! Estaba cerrado. Medio día de un día de semana. Violeta Acuña llegaba con calor, en su auto sin acondicionador de aire, pero imponente. Violeta es una morena que no pasa desapercibida en la calle. Quizá aprendió de Bea, su personaje en Luna de Cigarras o siempre caminó así, con el cuerpo erguido, con la espalda tiesa, como quien va segura de sus pasos. Fuimos al primer lugar con acondicionador de aire que encontramos sobre en el Centro de Asunción. En el camino me habló de un tal Jacques Lecoq y a mí sólo me venía en la cabeza una canción de Kevin Jonahnsen, que le gusta a mi hija y que habla de una intelectual que habla de autores de apellidos extraños…

    Foto: Marco Ramírez

    Foto: Marco Ramírez

    ¡Al fin un lugar con acondicionador de aire! Me invitó el jugo de naranja más caro de la historia y pidió que no dijera que estudió derecho, pero yo le dije  «¿Por qué, si yo pensaba un título algo así como De estudiante de derecho a sicaria? ¿Suena bien?”. “Nooooo”, dijo y me miró con la mirada de Bea. Entonces, comenzamos esta charla:

    -¿Cómo te iniciaste en el actuación?
    -Profesionalmente, a partir de los 21 años. Retomé la Escuela Municipal de Arte Dramático ¨Roque Centurión Miranda¨, -es más conocido por la EMAD, sus siglas-, dependiente del Instituto Municipal de Arte y terminé en el 2012.
    Es lo que siempre quise hacer, porque yo desde chica, ya desde los 8 o 9 incursioné en la actuación. Mi mamá me ayudó a conocer el arte; me apoyaba para hacer todo tipo de actividades, y me atrajo más la parte artística y lúdica siempre. La primera vez que asistí al IMA fue para arte infantil y después hice taller de teatro juvenil con María Elena Sachero, que fue mi primera maestra de teatro allá cuando tenía mis 12 pirulos. Hice teatro hasta los 15, después hice una pausa de 5 o 6 años, porque también estaba en un colegio que me exigía mucho, rendíamos todos los meses y nos quedábamos hasta las 14 horas y el ritmo era muy exigente. Entonces hice deporte (Tenis), y ya no me daba el tiempo para hacer tres cosas a la vez.

    -¿Tenís o teatro?
    -¡Teatro toda la vida! Pero sí, soy bastante activa físicamente. Se relaciona de alguna lejana manera con el tipo de teatro que estoy trabajando que es teatro físico; y está más enfocado a las corrientes de vanguardia como punto de partida, por así decirlo, están muy afectadas a la parte corporal, más allá de lo naturalista y psicológico. Tienen cierta relación, pero están enfocados de manera totalmente diferente. Lo mío es más la actuación.

    – ¿Cuál es tu papel en Luna de Cigarras
    – El personaje que me tocó es Bea. Ella es una mujer guerrillera, muy aguerrida involucrada en el mercado negro, es traficante de arte sacro y trabaja con Giuliani, que es el personaje de Héctor Silva en la película. Él me daba “encargos”.
    -¿En quién te inspiraste para construir el personaje de Bea?
    -En realidad partí desde un animal, en un leopardo. Es bastante sigilosa, aparece cuando tiene que atacar. También busqué en la fauna local de personajes para inspirarme, y no es mi inspiración, pero sí capté alguna similitud con Carmen Villalba, porque es una mujer muy convencida, una fémina que está dentro de la criminalidad, te mata de una si te tiene que matar. Le mata a cualquiera que le esté espiando porque es ella la que hace el espionaje, es una “femme fatale”.
    – ¿Te ayudó este proceso de creación? ¿Sacó alguna parte de vos que no conocías?
    -La verdad que es una tipa muchísimo más jodida que yo, no tenemos muchas similitudes. La única similitud de repente fue la parte activa, porque es una mujer todo terreno. Trabajé mucho la mirada, porque mi personaje es de pocas palabras, pero de mucha acción. Aporta la parte de suspenso y misterio en el argumento de la película, porque uno nunca sabe en realidad por qué ella les sigue a los gangsters hasta recién el final. Ella es muy ambiciosa, se va detrás de lo que quiere al todo o nada; va a continuar sin medir las consecuencias, porque trabaja en un campo bélico, turbulento. Para mí fue una experiencia de muchísimo aprendizaje, porque es mi primer largometraje y un lenguaje al que estoy introduciéndome, que es el de audiovisual.
    – A veces uno en el proceso se emociona con el personaje, pero una vez que ya está la película… ¿Cuál fue tu reacción al ver la película terminada?
    -Que estaba muy loca (risas). Apareció en momentos en los que en la película iban sucediendo muchas situaciones, porque Luna de Cigarras es un conjunto de situaciones más allá de una línea, de una historia. Son varios personajes que se van entrelazando. Me sentí muy emocionada y con nervios de paso, porque era la primera vez que me iba a ver en la pantalla grande. Lo comparé con Robert Rodríguez, también con Pulp Fiction de Tarantino.

    -¿Qué tuviste que cambiar de tu cuerpo para hacer de «Bea»?
    -Tuve una preparación física con Paola Santarelli de dos meses, bastante intensa. También aprendí a manejar la moto. Yo ya había hecho un entrenamiento actoral del método con Héctor Silva.

    Foto: Victor Candia

    Foto: Víctor Candia

    – ¿Cómo llegaste a hacer cine?
    -Fui probando varios castings hasta que me llamaron para este y fui seleccionada de entre otras chicas a comienzos del 2013; le conocí al director Jorge Díaz de Bedoya y a la producción que es OIMA Films, que son tres muchachos súper jóvenes con todas las posibilidades para hacer cine y tienen mucho futuro. Son proactivos.

    -¿Cuales fueron tus experiencias más enriquecedoras como actriz?
    -Trabajé con otras compañías anteriormente, pero en eso no puedo dejar de mencionar a Wal Mayans, tuve la oportunidad de trabajar con él en el proyecto intercultural Tierra sin Mal. Estuve desde el 2011 haciendo talleres y en una obra “Segismundo”, re-estrenada el año pasado. Y desde el 2012 estoy incursionando con Víctor Sosa desde “Las Empleadas” en el grupo KaraKu Teatro, alternativo también.
    -¿El actor Víctor Sosa es tu pareja? ¿Cómo se conocieron?
    -Lo es. Nos conocimos en el mundo de la actuación. Primero en el rodaje de 7 Cajas, porque yo hice de extra. Después coincidimos en un taller de actuación juntos, y un año más tarde en el IMA. Yo a él lo tengo como una referencia, un maestro, con muchísima experiencia y solidaridad. Juntos trabajamos y soñamos muchas cosas, y es un gran valor tanto en mi carrera como en mi vida personal. Es una persona excepcional.
    -¿Él también está en Luna de Cigarras?
    Sí, compartimos una escena en la película.

    – Vos mencionabas el apoyo de tu mamá… pero en cualquier parte del mundo, decir ¨mamá, voy a estudiar teatro¨ no es una buena noticia en la familia.
    -Ese es el tema más delicado, la verdad, enfrentarte haciendo cosas totalmente diferentes a las habituales aceptadas en esta sociedad paraguaya. Mi familia es muy abierta, en el sentido de que nos va a dejar hacer lo que nos gusta si hay posibilidades, y nos va a apoyar si es que no las hay. Pero ella (la madre) nunca pensó que yo me iba a dedicar a esto al final. Pasé de todo, hasta el punto de dejar la facultad. Evidentemente siempre hay muchas dudas, la intriga de saber qué va a pasar, pero así una se hace de camino, una no espera sentada.

    -¿Qué carrera estabas estudiando antes?
    -Yo estudiaba Derecho en la Universidad Nacional, pero dejé porque regrese al IMA para arte dramático, que es mi actual oficio.
    -¿Te veías como abogada?
    -La verdad que eso siempre dudé, y bastante. Pero en el momento en que ingresé, también busqué la alternativa para ingresar a la EMAD, porque fue lo que siempre me llamó, algo por impulso. Las cosas siempre cambian y una va con una idea de lo que es algo y termina siendo otra. Decidí dejar la facultad y fue un gran riesgo más en este país donde todo hay por construir, pero el que no arriesga, no gana. Hay que elegir en la vida, y me decidí de una por la actuación, lo que me da la oportunidad de otras vidas, me ayuda a creer y crecer como ser humano.

     

    Violeta Acuña y el director Jorge Diaz de Bedoya. Foto: Juanjo Ivaldi para Luna de Cigarras

    Violeta Acuña y el director Jorge Diaz de Bedoya. Foto: Juanjo Ivaldi para Luna de Cigarras

    -¿Tenes futuros proyectos, planes? Cómo te ves dentro de cinco años? ¿con hijos?
    Proyectos de teatro y audiovisual si, ningún hijo (risas ).Eso está muy lejos en mis planes (risas) Tengo proyectos teatrales para el año que viene, y tengo también pendiente el desarrollo de un guión cinematográfico sobre un drama polítco-social de Paraguay y para el 2015 tiene que estar terminado el guión.

    – ¿Cuál es tu punto de vista acerca del emergente cine nacional, desde tu aporte como actriz?
    -Ahora con la película, más con el auge audiovisual que es tan importante para los actores como para el público, es una oportunidad donde se puede ver nuestro trabajo a nivel masivo, porque es mucho más fácil la distribución que en teatro, donde me formo como actriz y es mi lugar de desarrollo y crecimiento artístico, pero el cine es tan importante como el teatro porque nos da la oportunidad para que nuestro trabajo llegue a más personas. Esa es la cuestión. El teatro es para un grupo determinado de personas en un tiempo límite, es un arte vivo. Sin embargo el cine queda registrado y vos ni siquiera sabés dónde se está proyectando o viendo y en qué momento. El Paraguay necesita y se merece consumir su cultura de manera artística, es también su presentación al mundo.

    Foto: Marcos Ramírez

    Foto: Marcos Ramírez

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