Las cartas de amor de Sartre a Simone de Beauvoir

  • ¿Una pareja abierta? Primero fueron amigos, luego fueron pareja, tuvieron otros amores, pero fueron compañeros hasta el final.

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    Si de amores raros se trata, el de los dos intelectuales franceses está en la punta. Jean Paul Sartré, filósofo llevó una relación de compañeros durante 51 años con Simone de Beauvoir.  Según algunas publicaciones, primero fueron amigos y Sartre, a los  de 24 años, al inicio de su romance escribió una carta que reproducimos aquí:

    Mi querida niña: 

    Durante un largo tiempo he querido escribirte en la noche, después de una de esas salidas con amigos que pronto describiré en “Una derrota”,  del tipo de cuando el mundo es nuestro. Quería compartirte mi alegría de conquistador y acostarme a tus pies, como hicieron en la Era del Rey Sol. Y luego, casado por todo el griterío, irme a la cama.

    Hoy lo hago para sentir el placer que aún no conoces, de cambiar abruptamente la amistad por amor, de fuerza a cariño. Hoy te amo una manera que no has conocido en mí: ni estoy cansado de los viajes ni estoy envuelto en deseo por tu presencia. Estoy dominando mi amor por ti y tornándolo hacia adentro en un elemento constitutivo de mi ser. Esto sucede mucho más seguido de lo que lo admito ante ti, pero rara vez  cuando te escribo. Intenta entenderme: te amo mientras pongo atención a las cosas externas. En Toulouse te amé deliberadamente. Hoy te amo en una tarde de verano. Te amo con la ventana abierta. Eres mía, y las cosas son mías, y mi amor cambia las cosas a mi alrededor y las cosas cambian mi amor.

    Mi querida niña , como te dije, lo que te hace falta es amistad. Pero ahora es el momento para un consejo más práctico. ¿Podrías encontrar a una amiga? ¿Cómo es que Toulouse no tiene ninguna mujer inteligente y digna de ti? Pero no tendrías que amarla. Aunque tú siempre estás lista para dar amor, es lo que se obtiene más fácilmente de ti. No hablo de tu amor por mí, el cual va mucho más allá de eso, sino que eres dadivosa con pequeños amores secundarios, como aquella noche en Thiviers donde amaste a aquel peatón que caminaba cuesta abajo en la oscuridad, quien resultó ser yo. Conoce el sentimiento, libre de cariño, que surge de ser dos. Es difícil porque toda amistad, incluso la de dos hombres de temple fuerte, tienen sus momentos de amor. Tengo que consolar a mi amigo en duelo para amarlo; es una sentimiento fácilmente debilitado y distorsionado. Pero tú eres capaz de él y debes experimentarlo. Pese a tu misantropía ¿has imaginado qué bella aventura sería buscar en Toulouse a una mujer digna de tu amistad y de quien te podrías enamorar? No te preocupes por el lado físico o social de la situación y busca honestamente. Si no encuentras a nadie hazte amiga de Henri Pons, a quien ya casi no quieres.

    Te amo con todo mi corazón.

    Foto real de Sartre y Beauvoir. Imagen:novosti.rs

    Foto real de Sartre y Beauvoir. Imagen:novosti.rs

    Sartre le habría propuesto matrimonio, pero el ofrecimiento habría sido rechazado por Beauvoir. El autor de La Nausea siempre se consideró polígamo y Simone, una feminista que no aceptaba ser de un hombre. En la década del 80, a pocos años después de la muerte de Jean Paul, se publicaron las cartas de amor que él escribía a Simone. Según un artículo encontrado en la homeroteca del periódico El País, la publicación de su relación epistolar había dado a conocer aspectos desconocidos del filosofo.

    «Si usted se acostara en este estrecho jergón, a mi lado, me encontraría muy a gusto y se me derretiría el corazón. Pero no será así y tendré que oír los ronquidos sonoros de alguien. Ay, amor mío, cómo la amo a usted y cómo la necesito. La amo con todas mis fuerzas» Así se manifestaba Sartre, en 1939, siendo soldado, cuando por primera vez se separó de su Simone de Beauvoir, a quien siempre trató de usted (y viceversa) y a quien llamó, hasta su muerte, con el apodo de Castor.Sartre le escribía prácticamente a diario, contándole todos sus quehaceres con detalle, sin olvidar sus actividades militares. Las cartas de Beauvoir no llegaban con regularidad y el filósofo, que en aquella época escribía La edad de la razón, se impacientaba: «Estoy algo nervioso, porque empiezo a esperar sus cartas con esfuerzo. Piense usted, por favor, que desde el sábado no he recibido ninguna. Hace diez años que la conozco y es la primera vez que ocurre esto. Amor mío, cómo me gustaría recibir noticias suyas. Mi encantador Castor, que ya me ha ofrecido diez años de felicidad, la amo a usted y la beso con todas mis fuerzas».

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