Ser mujer y líder en Paraguay

  • Nancy dio inicio a un objetivo más que necesario para nuestro fútbol: mayor participación femenina en todos los estamentos del balompié paraguayo.

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    En la última reunión del Comité Ejecutivo de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) se vivió un hecho histórico. Por primera vez una mujer participó de la misma, como directora del departamento de fútbol femenino de la APF: Nancy Roussillon. Tuve el privilegio de ser testigo de esa experiencia. Fue la primera en llegar, con una sonrisa amplia y con un optimismo contagiante, Nancy dio inicio a un objetivo más que necesario para nuestro fútbol: mayor participación femenina en todos los estamentos del balompié paraguayo.

    Observadora y atenta a cada detalle de la reunión, en sus ojos se vislumbraban sus ansias de participación hasta que llegó el momento esperado. No solo dio un informe detallado sino que también lo presentó por escrito, y hasta tuvo tiempo para hacer un resumen del fútbol femenino paraguayo en el 2014 y destacar los pasos a seguir para mejorar tanto en el torneo paraguayo como en las selecciones femeninas.

    Sus ganas de trabajar me remontaron a mis inicios como jefa de prensa en el fútbol paraguayo, hace casi 10 años, tras un periodo de mucho aprendizaje en el periodismo deportivo desde 1999. Fue un tiempo de ensayo y error, con un desbordante ímpetu de mi parte, que hacía sobrellevar varios momentos difíciles que surgieron por mi condición de mujer y con otra característica adicional, ser joven.

    La mujer tiene sobre sus hombros un doble compromiso. No sólo ser la mejor, sino que luchar para que su talento y esfuerzo sea reconocido. ¿Cómo lo puedo lograr? Mi fórmula es muy sencilla: ser auténtica. Todas sabemos que si somos rectas en nuestras ideas, nos pueden tachar de autoritarias, a diferencia de los hombres que son destacados como firmes en sus ideales. Lo mismo ocurre si buscamos escuchar a todos. En ese caso podríamos ser señaladas como débiles, mientras los hombres serían resaltados como abiertos al diálogo.

    Entonces más allá de las etiquetas, el liderazgo femenino debe fortalecerse tanto en sus virtudes como en sus defectos. Hay un sinfín de oportunidades para poder demostrar cuán importante es nuestro aporte en todas las áreas. Por eso no debemos dudar, si nuestra mente y nuestro corazón nos dicen que vamos por el camino correcto, más allá de ser rígidas o dulces en los momentos que así lo decidamos.

    El varón y también las demás mujeres – que a veces también se destacan por ser machistas – deben aprender a trabajar en equipo, sin importar el género sino el valor como ser humano y profesional. No es casualidad que en nuestro continente, grandes países como Brasil, Argentina y Chile sean dirigidos por mujeres. Y llegará el día en que Paraguay también pueda hacer historia con una mujer presidenta.

    De nosotros/as depende abrir las puertas a nuevos liderazgos, y lo más importante: apoyarlos. Los resultados no tardarán en llegar. ¡Adelante Nancy!

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