Perdonar no es divino

  • Ale Vázquez y un análisis de la indulgencia.

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    Luego de leer algunas noticias desgarradoras, de vivir días difíciles y de escuchar las historias de otras personas, como si no lo entendiera, como si nunca lo haya presenciado anduve pensando sobre el perdón, casi tratando de comprenderlo, intentando definirlo de una manera simple y humana.

    En un ejercicio mental muy poco saludable quizás, traté de dimensionarlo, cuestioné su existencia, reflexioné sobre quienes lo practican y quienes lo ignoran, y si existirá acaso en el mundo alguien que nunca lo haya conocido.

    Me cuestioné luego el propósito de perdonar y en ese acto de buscar respuestas, varios fundamentos muy válidos vinieron a mi mente. Finalmente, no hubo uno que me satisfaga completamente.

    “Errar es humano, perdonar es divino” es una conocida frase de un genio de la palabra: William Shakespeare. Es también el mismo hombre que escribió en su propio epitafio, que reposaría en su lápida “maldito el que remueva mis huesos”. Quizás el escritor y dramaturgo era más humano que divino.

    Hay muchas definiciones sobre el perdón. Se han escrito canciones, poesías y refranes populares sobre él.

    Las religiones y filosofías, por su parte, han entregado perdón a quienes sentían que lo necesitaban, tanto que en el catolicismo la venta de indulgencias y las penitencias se volvieron un negocio redondo a expensas de los desesperados.

    Cristo, el hombre más vilipendiado del mundo en su época, siempre fue presentado ante sus fieles como un ser de una misericordia casi imposible de imaginar, siendo él ejemplo de que el perdón es un requisito para la vida eterna.

    En el budismo se considera al agresor o a quienes infligen dolor como los menos afortunados y quienes son capaces de perdonar como las personas que encontrarán la paz. Además, teniendo en cuenta la ley kármica, mejor perdonar que buscar venganza.

    Hace poco vi uno de esos famosos flyers virales que circulan por internet con una moraleja muy simple. Era un ejercicio, en el que una persona le pedía a otra que rompa un plato y luego le pido perdón al mismo. Habiendo hecho esto le dice: volvió a quedar como antes?

    La respuesta es obviamente que no.

    Es realmente el perdón todo lo que nos prometen que será? Si perdonar es divino, como esperan que lo hagamos sinceramente los humanos? Por qué no esperar a un Dios entregue la indulgencia?

    Si el perdón traerá paz… por qué hacer tanto esfuerzo si al final de cuentas nada vuelve a ser igual? El perdón, acaso, no minimiza el mal de quien lo hizo? Perdonar no es una manera de permitir a que vuelva a pasar, impunemente, una y otra y otra vez lo que nos lastimó? “

    “Yo perdono pero no olvido” no es una manera de decir “no te perdoné pero finjo que lo hice? Pedir perdón y repetir siempre los mismos errores no es acaso un vicio tan tóxico como cualquier otra adicción?

    Ante el dolor un creyente se recostará sobre su religión para buscar consuelo. Pero dependiendo de lo que esté sufriendo perdonar NO será un acto divino, sino humano e individual. Una decisión.

    Finalmente no importa si encuentro respuestas a mis preguntas. Cada persona perdona lo que puede, en su propio tiempo, bajo sus propios términos. Lo único que sé de cierto es que una buena manera de vivir una vida optimista y de fortalecer la voluntad es a través del perdón .Y yo quisiera ser feliz.

    Cada tanto, todos debemos salir a perdonar algo que creíamos imposible de perdonar.  No sé. Quizás.

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