Aceptar es amar dos veces

  • En este mes de los enamorados te propongo animarte a apretar la tecla de la aceptación. Tu corazón te dará las gracias.

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    Ocupa la tecla de mayor tamaño, para no perderla de vista, sin embargo en la realidad es la palabra más difícil de desarrollar: la aceptación. De solo pensar, ya vienen a mi mente flashes de situaciones vividas a lo largo de mis años. Es que esta temible y a la vez tan saludable palabra, necesita que abramos los ojos y el corazón no solo a lo que nos toca vivir sino también a nuestra propia personalidad.

    Lo primero es que la verdadera aceptación no surge de un día para el otro y tampoco depende ni de nuestros seres queridos ni de los mejores terapeutas. Todos ellos contribuyen, a veces para bien, otras para mal – mucho ojo – pero no tienen la clave para alcanzarla. Tampoco el dichoso tiempo que según algunos todo lo cura. Si han pasado 20 años y la verdad pasa frente a tus ojos sin inmutarte, es hora de cambiar de fórmula.
    Ya lo decía nada menos que Albert Einstein: si quieres resultados distintos no hagas siempre lo mismo. Aceptar una realidad es un proceso muy duro pero que en algún momento debe iniciarse y si el primer camino o varias de las sendas elegidas no dan un buen resultado es hora de darse por vencido y cambiar la perspectiva. Para llegar a la aceptación el primer y gran paso es perdonarse a uno mismo.
    Una vez pasado el -a veces infranqueable- perdón a uno mismo, el viaje se hace mucho más ligero. Es que sobre todo a las mujeres nos han enseñado que debemos ser casi perfectas y más aún si ocupamos espacios tradicionalmente masculinas. Y somos nosotras mismas nuestras peores enemigas pues en ese intenso día a día de mostrar lo mejor de nosotras olvidamos que somos de carne y hueso y que está permitido no solo que fallemos sino que decidamos elegir el camino menos pensado por los demás.
    Que alivio ¿verdad? Entre el perdón a la aceptación, hay un paso más que importante: la reflexión. La sabiduría que puede aportar el silencio a nuestra vida no tiene precio. Por eso, es necesario que no solo en el proceso de aceptación sino que en nuestro cotidiano, nos tomemos un tiempo para meditar y si somos creyentes, dirigirnos al infinito. Dejar de pensar y entregarnos por completo.
    Es típico que en el mes de los enamorados hablemos de fantásticas historias de amor, canciones románticas y regalos por doquier. Sin menoscabar todas estas tradiciones que también le dan color a nuestra vida, aceptar a uno mismo, al otro y a la realidad sin velos es, sin duda,  una de las formas más maravillosas de amar. Es una tarea que revela nuestro verdadero rostro y el de los demás, lo que hace que el amor sea pleno y auténtico. En este mes de los enamorados te propongo animarte a apretar la tecla de la aceptación. Tu corazón te dará las gracias.

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