Sobre el machismo de la «Primera Dama»

  • Feministas piden eliminar esta dependencia pública.

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    Lilian Soto  disputó la Presidencia de la República con su movimiento Kuña Pyrenda y escribió en el sitio de su  movimiento una reflexión en la que pone en debate la figura de la Primera Dama. Afirma que si Horacio Cartes se animara a eliminar esta cartera sería como suprimir “uno de los símbolos que sustentan la idea de que sólo los hombres pueden ser presidentes del país”.

     

    Para que las lectoras de Ella tengan el contexto del comentario, reproducimos en forma completa. Así, al pie pueden comentar si están de acuerdo o no con esta reflexión de Lilian Soto, quien es reconocida en su militancia como feminista:

     

    Más allá del debate sobre la oportunidad o las razones de la aparición de la ex esposa de Cartes planteando su intención de ocupar un puesto híbrido y dudoso asignado a alguna mujer cercana a los presidentes hombres, el hecho abre nuevamente la discusión sobre la misma existencia de la dependencia llamada Despacho de la Primera Dama. Aunque parezca confuso, este despacho es una dependencia pública porque cuenta con funcionarios/as y presupuesto que reciben salario público y obtiene recursos públicos o privados precisamente por formar parte de la estructura del Estado, aún cuando su estructura no esté reglamentada.

    Este debate ya se había producido cuando Fernando Lugo asumió la presidencia en el 2008. En ese momento, tanto organizaciones feministas como individualidades le habían expresado –de manera pública y privada– que tenía la inmejorable oportunidad de acabar con una figura que pone de manifiesto un pensamiento claramente machista y patriarcal respecto del poder público. Y, más allá de que comprendiera o no por qué las feministas queríamos borrar ese inútil y simbólicamente agraviante despacho, parecía que ni siquiera habría quien le reclamara el puesto máximo de esa entidad.

    Hubo entonces un momento perfecto para deshacerse del despacho de marras que refuerza el imaginario nacional de que a las mujeres les corresponden roles de apoyo a quienes tienen responsabilidades en el poder público. Aunque anacrónico y desubicado, este pensamiento continúa bien vigente en la conservadora sociedad paraguaya. Hay que tener osadía para desafiar al conservadurismo nacional, pero la intrepidez brilló en ese entonces por su ausencia.

    Hoy se presenta una situación parecida a la del 2008: la ausencia de una pareja oficial coloca también a Cartes ante la posibilidad de suprimir esa dependencia sin siquiera apelar a conceptualizaciones con respecto a las razones para hacerlo.

    Si se animara, sin embargo, estaría derribando uno de los símbolos que sustentan la idea de que sólo los hombres pueden ser presidentes del país. Nos libraría, asimismo, de uno de los elementos que fortalecen el pensamiento de que el rol de las mujeres es ser acompañantes de los hombres con poder. Y nos ahorraría también ver cómo el sector público hace caridad oficialmente, cuando su rol es hacer política pública.

    Lastimosamente, parece que el coraje no es algo que abunde en Mburuvicha Roga.

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