Joven chilena declara la guerra al acoso sexual callejero

  • El anhelo por frenar «el acoso callejero» empujó a María Francisca Valenzuela, una socióloga chilena de 24 años, a crear una organización para la visibilización y erradicación de «tipos de violencia silenciada como el piropo, el agarrón o el exhibicionismo», dijo este viernes en una entrevista con Efe.

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    «Nuestro objetivo es que la población reconozca el acoso sexual callejero como un problema generalizado y que, en consecuencia, se generen políticas públicas responsables en torno a la temática», apuntó Valenzuela, presidenta del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) de Chile.

    La joven, que hoy lidera un equipo de 50 voluntarios, impulsó el proyecto este año tras constatar que no existía ninguna organización que tratara lo que ella consideraba «un tema grave».

    Piden que piropos sean sancionados por ley. Foto: publimetro.cl
    Según Valenzuela, acoso sexual callejero es el nombre con el que se identifican «un conjunto de prácticas de connotación sexual directa o indirecta que ocurren en los espacios públicos hacia personas que no dan su consentimiento».

    Ello engloba prácticas como los piropos de connotación sexual directa, silbidos, ruidos, bocinazos, exhibicionismo, masturbación pública, presión de genitales o tocamientos, ya sea en los transportes públicos como en la calle.

    Unas prácticas hasta ahora no incluidas en la legislación del país austral, para las que la organización demanda «su tipificación como un tipo de violencia denunciable».

    Por el momento, Chile sólo cuenta con un artículo de mediados del siglo XIX que establece como «abuso» el acceso carnal o los tocamientos directos a los genitales, lo que deja impune cualquier acoso que no tenga contacto directo con las partes íntimas.

    «El objetivo de nuestra petición -indicó Valenzuela- es que si un día hay un exhibicionista masturbándose delante de un colegio de niñas el hecho no quede en el vacío y se pueda acudir a la justicia acusándole de un delito con nombre: acoso sexual callejero a menores de edad», remarcó.

    Una de las demandas más polémicas de la organización gira entorno a la sanción del piropo, algo que según la joven, «forma parte de la cultura y la idiosincrasia chilena».

    Al respecto, apuntó que éste «constituye unan práctica que genera desigualdad e inseguridad en los espacios públicos y deja entender que un género tiene un derecho sobre el otro».

    La aceptación y deleite de algunas mujeres ante esta práctica es, según Valenzuela, uno de los motivos por los que esta petición ha agitado la opinión pública.

    Para la joven, las mujeres que se sienten complacidas con el piropo son «víctimas que naturalizaron un tipo de imposición en el espacio público».

    «Estoy convencida que cuando esas mujeres tenían 12 años y les tocó vivirlo por primera vez no les gustó», afirmó Valenzuela quien declaró que «con el tiempo esas niñas piropeadas van adquiriendo una cultura machista sobre la convivencia en el espacio público».

    A su juicio, «todos los piropos» tendrían que ser sancionables, pero sus demandas actuales sólo consideran punibles los que son «de carácter sexual directo, ofensivos o explícitamente agresivos», el resto espera que puedan ser erradicados con un cambio educativo y cultural, pues «los espacios públicos hay que vivirlos de forma igualitaria».

    La primera confirmación de la trascendencia de la problemática, «hasta el momento silenciada», fueron los «impactantes» resultados obtenidos por una de las primeras encuestas que hizo el OCAC, según los cuales 9 de cada 10 mujeres encuestadas en Chile habían sido víctimas de acoso sexual callejero, la gran mayoría durante su minoría de edad.

    A partir de esa constatación, la organización que cuenta con el respaldo y financiación de ONU mujeres y la Unión Europea, lanzó diferentes campañas de visibilización de la problemática a través de las redes sociales y el transporte público de Santiago de Chile.

    Para Valenzuela, considerada hoy por el rotativo El Mercurio como una de los 100 jóvenes líderes del país, el debate en torno a esa iniciativa hizo visible un problema hasta ahora silenciado, una pequeña gran victoria para quien considera que «sólo a través de la discusión y reflexión es posible cambiar el planeta». EFE

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