Desintoxicate del teléfono celular

  • La adicción a los dispositivos móviles puede acarrear diferentes problemas a las personas que no dejan estos aparatos por un segundo.

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    La dependencia del “smartphone” se ha convertido en algo habitual en la sociedad moderna donde de media un usuario revisa su dispositivo 150 veces al día, según TomiAhonen Almanac.

    Foto: labrujula24.com

    ¿Alguna vez te imaginaste estar un día sin tu aparato celular? El problema con las redes sociales es un realidad que aqueja a millones de personas en el mundo. La adicción del siglo XXI se llama nomofobia, y no es otra cosa que el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil.

    En «Cómo separarse de su teléfono», la periodista Catherine Price ofrece mucha información sobre lo fácil que es volverse adicto a los dispositivos móviles y a las aplicaciones. Pero también brinda consejos que se exponen en el portal argentino Infobae y que te lo mostramos acá.

    Price propone, una guía práctica para reiniciar al usuario de smartphones: hacer ciertos cambios de configuración, aplicaciones, ambiente y, desde luego, disposición personal para no seguir bajo el dominio del dispositivo y sacarle el mejor provecho posible.

    Entre sus consejos generales (el libro incluye un plan paso a paso, para 30 días de desintoxicación), se destacan:

    1) Buscar el placer en otras cosas
    «Para maximizar la cantidad de tiempo que pasamos con nuestros dispositivos, los diseñadores manipulan la química de nuestros cerebros«, explicó. «La dopamina cumple muchas funcionas, pero a nuestros fines la más importante es que, al activar los receptores relacionados con el placer, nos enseña a asociar ciertas conductas con recompensas». Citó el ejemplo de Instagram, que ha creado un código que retrasa la muestra de los ‘me gusta’ para poder lanzarlos juntos en el momento más efectivo para la app: «El momento en que ver nuevos ‘me gusta’ te desalentará a cerrarla».
    Price propone razonar con más libertad: «El tiempo que estás con tu teléfono es el que no usas en otras actividades placenteras, como pasar el rato con un amigo o practicar un hobby», escribió. «Hazte a la idea de que es «más tiempo con tu vida».
    Parte de ese razonamiento es descubrir exactamente aquello que sí se desea del dispositivo, y sólo conservar eso, porque a nadie le viene mal tener una computadora en el bolsillo, evidentemente: «¿Qué quieres hacer con tu teléfono? ¿Qué te encanta y qué quieres mantener?».

    Las aplicaciones explotan la necesidad humana de ser aceptado. Price recomienda sacar todas del teléfono y usarlas solamente en la computadora. (iStock)

    Las aplicaciones explotan la necesidad humana de ser aceptado. Price recomienda sacar todas del teléfono y usarlas solamente en la computadora. (iStock)

    2) No creer que la atención de los otros es para nosotros
    «Los seres humanos somos criaturas sociales, y desesperadamente queremos sentir que pertenecemos«, argumentó. «Lo particularmente extraño es que no sólo nos importa el juicio de otras personas, sino que lo pedimos. Publicamos fotos y comentarios para mostrarles a los otros que somos merecedores de amor, que somos populares y, en un plano más existencial, que importamos, y luego miramos obsesivamente nuestros teléfonos para ver si otras personas —o al menos sus perfiles en línea— están de acuerdo».
    Sin llegar a los efectos demoledores de que esas otras personas no estén de acuerdo y nos ignoren, Prince se detiene en los efectos demoledores de cuando lo están. Esa no es atención real a la persona que somos, sino un truco de explotación de la psicología humana que aquellos que diseñan las aplicaciones hacen «porque así es como generan dinero». Muchas apps son gratuitas «porque los anunciantes son los clientes: lo que está en venta es nuestra atención». Price propone que el usuario lleve su atención a otras cosas, «porque nuestras vidas están hechas de aquello a lo que le prestamos atención«. Y, como somos mortales, el tiempo es limitado.

    La autora recordó que los grandes gurús de Silicon Valley mantuvieron a sus niños alejados de los dispositivos móviles conectados. (Shutterstock)

    La autora recordó que los grandes gurús de Silicon Valley mantuvieron a sus niños alejados de los dispositivos móviles conectados. (Shutterstock)

    3) Detener el re-formateo de su cerebro
    «Una de las defensas más comunes de los teléfonos es la idea de que nos hacen mejores para la multitarea, y por ende, más eficientes.
    Lamentablemente no es así. En realidad la multitarea (es decir, procesar simultáneamente dos o más tareas que demandan atención) no existe, porque nuestros cerebros no pueden hacer a la vez dos cosas cognitivamente demandantes», advirtió.
    Lo que sí pueden hacer las personas —y lo hacen, pero no resulta beneficioso— es saltar de una tarea a otra a toda velocidad. «Este tipo de distracción frecuente no sólo puede crear cambios de largo plazo en nuestros cerebros: es particularmente buena para hacerlo«. Literalmente: la forma, los caminos de procesamiento de los impulsos eléctricos. «Si quisiéramos inventar un dispositivo que volviera a tender los cables de nuestras mentes; si quisiéramos crear una sociedad de gente que estuviera perpetuamente distraída, aislada y agotada; si quisiéramos debilitar nuestra memoria y dañar nuestra capacidad concentración y pensamiento profundo», sintetizó, «terminaríamos por inventar un smartphone«.
    Alejarse del teléfono detiene esos cambios: «Uno realmente comienza a ver las diferencias en sus propios hábitos y en su estado mental, y se descubre más concentrado, con una mejora para centrarse en las cuestiones por separado. Y, de manera interesante, también más relajado«, escribió Price. «Porque es bueno mirar por la ventana un minuto, dejar que la mente vague. Creo que nos hemos olvidado de eso».

    Catherine Price tiene esperanza en que la tecnología puede ser dominada por el hombre, y no al revés. (Foto: Sara Remington)

    Catherine Price tiene esperanza en que la tecnología puede ser dominada por el hombre, y no al revés. (Foto: Sara Remington)

    Otros consejos generales: 

    -Usar un reloj despertador.
    -Tener siempre un libro en la mesa de luz.
    -Cargar el teléfono lejos del dormitorio.
    -Borrar las redes sociales del teléfono; siempre se las puede ver en la computadora.
    -Incluir entre los modales de mesa que jamás se usará el teléfono durante las comidas.
    -Inhabilitar las notificaciones, todas; para empezar, al menos casi todas (las del correo electrónico, sin dudas entre ellas) y dejar las de las llamadas, los mensajes de texto y el calendario.
    –Activar un protector de pantalla que cada una cantidad prudencial de minutos pregunte si uno realmente quiere seguir en el teléfono.
    -Cada tanto, observar a otras personas que hacen lo que uno hacía: se comprobará el patetismo y los malos modales de quienes no pueden mantener una conversación real con otro ser humano sin atender en realidad a su teléfono; o en un teatro a oscuras tienen la cara iluminada del azul de sus pantallas o —peor— olvidan quitar el sonido del dispositivo, por ejemplo.
    –Y en el caso de ser padres, recordar que Steve Jobs no permitió que sus hijos usaran iPads, y Bill y Melinda Gates no permitieron que los suyos tuvieran teléfonos hasta que cumplieran 14 años.

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