Jesús del Pozo, en 30 testimonios

  • Desde Enrique Loewe a Iñaki Gabilondo, pasando por la que fue su musa, Ana Belén, treinta coetáneos, colaboradores o amigos reconstruyen el perfil de Jesús del Pozo en un libro coral que recuerda al diseñador que renovó el estilo de un país, España, que daba sus primeros pasos en la democracia.

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    Jesús del Pozo 1946-2011 (Turner), que se presenta este miércoles, plasma en testimonios, bocetos y fotografías la vida y obra del diseñador en un relato a muchas voces, que entrelaza su lado más cercano, narrado por miembros de su pandilla de juventud y sus amigos de viajes, con su faceta más profesional, dos lados de una persona que a menudo se fundían en uno.

     

    Uno de los bocetos del libro. Cedida Por Turner

    Uno de los bocetos del libro. Cedida Por Turner

    “Jesús tenía dos valores, el trabajo y la amistad, casi peligrosamente inseparables, era una especie de lote, convertía a sus amigos en colaboradores y viceversa”, cuenta a EFE María Eugenia Alberti, editora del libro, además de amiga, profesora y clienta de Del Pozo.

    Alberti conoció al diseñador cuando este regentaba su primera tienda, un pequeño local en la calle Almirante, a unos pasos de la cestería familiar propiedad de los padres del madrileño, fallecido en el año 2011.

    Compañera de pandilla de su juventud, también se encargó de enseñarle francés a Del Pozo cuando el modisto empezaba con su expansión internacional, a principios de los años setenta.

    “Le di clases a Jesús, sin ningún éxito, he de confesar” admite con nostalgia la editora, recordando las lecciones que discurrían entre risas y anécdotas, pero que se negó a cobrarle porque sólo consiguió meterle en la cabeza “el nombre de cinco telas”.

    Ana Belén vestida por Jesús del Pozo. Cedida por Turner

    Ana Belén vestida por Jesús del Pozo. Cedida por Turner

    Palabras de recuerdo

    Juan Gatti, diseñador gráfico cuyas fotografías han contribuido a crear la imagen de Del Pozo, el fotógrafo Javier Vallhonrat, la modelo Violeta Sánchez, o su musa, la cantante Ana Belén, que rememora en el libro la primera vez que entró en el taller del diseñador, también plasman su testimonio en un libro que abre la publicista Isabel Yanguas, “su consejera, mentora y amiga”, en palabras de Alberti.

    “Todos los que escriben lo han conocido personalmente (a Del Pozo), pero es imprescindible el testimonio de Luis Casablanca, al que yo llamo la memoria fílmica de Jesús, porque le preguntas que luz había el día que le entregaron la Aguja de Oro, y se acuerda hasta de que llovía”, dice la editora del ilustrador de cabecera del diseñador y la mano que firma los bocetos del libro.

    Conseguir el testimonio de Pertegaz, uno de los representantes de la aguja española de la generación que precedía a Del Pozo, también fue “muy emocionante”.

    El diseñador, fallecido el pasado año, accedió a redactar unas palabras en recuerdo del madrileño: “Le dije lo que estaba haciendo, y me dijo que por supuesto, que era un chico muy fino que no hacía tonterías y majaderías y que le gustaba mucho por eso” cuenta Alberti.

    “Quizás mi sintonía con él venga de una misma consciencia estética, sin ninguna obsesión por las tendencias“, dejó escrito Pertegaz para recordar a Del Pozo, un diseñador combatiente que se marchó de la Pasarela Cibeles, para después reconciliarse con ella, y que ayudó a fundar de la Asociación Creadores de Moda de España, de la que fue el primer director.

    Helen Lindes y Verónica Blume con Jesús del Pozo, en la pasarela Gaudí . EFE/ A.D/ ANDREU DALMAU

    Helen Lindes y Verónica Blume con Jesús del Pozo, en la pasarela Gaudí . EFE/ A.D/ ANDREU DALMAU

    En bocetos o en fotografías, las piezas más icónicas del diseñador ilustran las páginas, entre palabras que ensalzan su dominio de su paleta cromática -“me gustan los tonos, no los colores”, matizaba siempre Del Pozo- o la maestría del pigmento que más lo caracterizaba, el negro.

    Bocetos de una vida

    “Es cierto que la paleta de Jesús era muy amplia, se inventaba los colores, les ponía nombres como ‘golondrina’, el gris azulado del ala del pájaro” recuerda Alberti sobre el diseñador, quién acostumbraba a teñir las telas en su taller, desde las sedas más finas hasta la castiza rafia, que aprendió a manejar en la cestería de la calle Almirante.

    “Que nunca se marchara de esa calle dice mucho de él”, comenta la editora, a la vez que recuerda que la zona se convirtió en uno de los epicentros de la movida madrileña, de la creación y de la vida bohemia: “No sé si Jesús escogió la calle buena, o simplemente, fue Jesús quien la hizo buena”.

    El libro aparecerá en latinoamérica durante el primer trimestre del año. La edición en inglés, que ya está a la venta en Estados Unidos, salió a la venta con motivo de la Semana de la Moda de Nueva York.EFE

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