El chivito uruguayo cumple 70 años

  • Es el plato que hizo «feliz de la vida» al revolucionario Ernesto Che Guevara, que encandiló y que importó a México el actor Mario Moreno «Cantinflas» e «incomodó» al cantante Joaquín Sabina: es el chivito, el desbordante sándwich uruguayo que, a punto de cumplir 70 años, cuenta ya con un libro sobre su historia.

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    El pan y la carne de vacuno conviven con el huevo, el queso, la panceta, el pimiento, las aceitunas, el jamón, la lechuga y el tomate en el que «junto al asado es uno de los platos más emblemáticos del país», afirmó a Efe Armando Olveira, el autor narrativo de «El chivito: rey de los sándwiches de carne».

    «Era una deuda cultural que teníamos. Marcarlo como mojón identitario de nuestro país», apuntó Alejandro Sequeira, responsable gráfico de la obra, en la que se relata con texto e imágenes el devenir del icónico emparedado, creado casualmente en 1946 por el propietario del restaurante «El Mejillón» en Punta del Este, Antonio Carbonaro y popularizado después en todo el territorio nacional.

    Esta fórmula culinaria, que cuenta con una fiesta con su nombre en la provincia que la vio nacer y con innumerables imitaciones, con más o menos variaciones, que pueden degustarse en cientos de locales en todo el país, no ha pasado desapercibida durante las últimas décadas a propios ni a extraños.

    Y es que el chivito nació en una época de gran esplendor para Punta del Este como balneario internacional y como un lugar que vio pasar a las estrellas más importantes del celuloide tras la inauguración en 1951 de su Festival Internacional de Cine.

    Del pan, la carne y el jamón que integraban la idea original de Antonio, el chivito acabó derivando, a lo largo y ancho del país uruguayo y hasta hoy, en un proceso acumulativo de ingredientes. Tantos como gustos e inspiración de cada chef y formando una desbordante montaña no siempre apta para los estómagos más delicados.

    Paradójicamente, un restaurante con nombre marítimo, El Mejillón, fue la cuna del que se convertiría en uno de los emblemas cárnicos del país del mundo con la cuota más alta de consumo de carne por persona -100 kilos al año- y la mayor cantidad de vacas por habitante.

    El hostelero vendió su restaurante en 1961 y, diez años más tarde, El Mejillón cerró para siempre para pasar a formar parte, junto con su creador, de una leyenda que parece no tener fronteras. EFE

     

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