¿Sos una mamá estresada?

  • Traer un hijo al mundo implica una serie de cambios en la vida de una mujer. El manejo del estrés es un tema fundamental. Una especialista ofrece las informaciones claves.

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    La doctora Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D., Psicóloga Clínica con 20 años de experiencia expone en su blog de BabyCenter sobre las señales y soluciones sobre el estrés de las mamás. Reproducimos aquí sus útiles consejos para quienes se identifican con los síntomas que ella describe:

    La crianza infantil en sí misma conlleva múltiples tareas interminables que para muchas mamás resultan abrumadoras. A mamá le corresponde, no solo ocuparse de su bienestar personal, sino del de sus hijos, y en muchos casos también de la administración del hogar y de ocupaciones laborales fuera de casa. Aún en las mejores circunstancias, a diario toda mamá enfrenta cambios y problemas, sean menores o mayores. Y, ¿conoces a alguna mamá a quien le sobre tiempo o ayuda?
    Efectos y ejemplos

    El estrés es una reacción natural a presiones físicas, emocionales y ambientales. Además, toda la familia se perjudica cuando el estrés de mamá está fuera de control, especialmente los niños pequeños. Se ha demostrado que hasta los fetos responden alterados cuando la madre siente estrés. Y bajo la influencia del estrés, la mejor mamá puede descuidar o maltratar a sus hijos.

    Según crecen, los niños aprenden de los adultos cómo manejar su propio estrés. Por lo tanto, reconozcamos las señales y síntomas de nuestro estrés, y aprendamos a aplicar soluciones sanas que nos permitan evitar sus efectos dañinos y disfrutar el maravilloso malabarismo de la maternidad.
    Señales y síntomas en tu cuerpo

    • Tu ritmo cardiaco y respiratorio, presión sanguínea y tensión muscular suben.
    • Tu proceso digestivo y tu resistencia a las enfermedades bajan.
    • Tu digestión cambia (acidez, estreñimiento, diarrea, etc.).
    • Tu patrones de sueño cambian (insomnio, pesadillas, etc.).
    • Tu nivel de energía fluctúa (agotamiento, agitación, etc.).
    • Tu menstruación se irregulariza.
    • Dolores, achaques, infecciones y enfermedades surgen o se empeoran.
    • Señales y síntomas en tu cabeza
    • Sentís ansiedad, tensión, nerviosismo, preocupación excesiva, temores, temblores e incapacidad de relajarte.
    • Sensaciones de depresión, desilusión, tristeza, apatía, culpa excesiva e incapacidad de disfrutar.
    • Sentimientos de irritabilidad, ira súbita y enojo constante.

    Señales y síntomas en tu conducta

    • Descuidás tu apariencia personal.
    • Descuidás tus obligaciones y responsabilidades.
    • Tenés dificultades para concentrarte, recordar, tomar decisiones y resolver problemas.
    • Dejás lo empezado sin terminar.
    • Te aislás de familiares y amistades.
    • Discutís y peleás con tus seres queridos.
    • Dejás de practicar pasatiempos placenteros.
    • Comés de más, incluso cuando no tienes hambre.
    • Aumentás el consumo de cafeína, nicotina, alcohol, u otras substancias.
    • Desarrollás hábitos nerviosos, tales como comerte las uñas y crujir los dientes.
    • Tratás de escapar pasando horas ante la TV, el teléfono celular y la computadora.

    Una vez que reconocés la presencia de indicadores físicos, psicológicos o conductuales del estrés en tu sentir, pensar y actuar, es hora de responder. Como resistencia, a continuación te ofrecemos varias docenas de respuestas relajantes, las cuales han servido a otras mamás a manejar y reducir su estrés.
    Soluciones: cuerpos sanos y mentes sanas

    • Alimentate sanamente.
    • Ejercitate diariamente.
    • Evitá el cigarrillo y el alcohol.
    • Hacé algo para mejorar tu apariencia.
    • Tratá de aumentar el optimismo y la flexibilidad en tu personalidad.
    • Expresá tus emociones de maneras constructivas.
    • Escribí sobre lo que te estresa.
    • Pasá tiempo a solas frecuentemente.

     

    Soluciones: relajación y recreación

    • Tomá descansos durante el día.
    • Respirá profundamente desde el vientre.
    • Aprendé a tensar y relajar tus músculos.
    • Visualizá imágenes mentales positivas.
    • Meditá  regularmente.
    • Regalate con ejercicios o masajes.
    • Tomá baños calientes.
    • Bailá, escuchá y tocá música.
    • Admirá o creá arte.
    • Practicá deportes y juegos de mesa.
    • Pasá tiempo con pasatiempos (jardinería, manualidades, etc.).
    • Elegí sabiamente lo que lees en libros y en Internet.
    • Mirá programas y películas relajantes o inspiradoras.

    Soluciones: perspectiva y punto de vista

    • Viví «un día a la vez», es decir, enfocate en el presente.
    • Elegí por qué vale la pena afanarte.
    • Aceptá  lo que no puedes cambiar.
    • Distinguí entre lo que necesitás y lo que deseás.
    • Perdonate y tenéte paciencia.
    • Motivate y felicitate por tus logros.
    • Cuando falles, aprendé para la próxima.
    • Remplazá mensajes negativos por positivos.
    • Buscá lo gracioso o absurdo en las cosas.
    • Sonreí frecuentemente, incluso cuando te cueste hacerlo.
    • Contá tus bendiciones.
    • Preparate para lo peor (por si acaso), pero esperá lo mejor.

    Soluciones: planificación y organización

    • Anticipá preparada las horas del día más ocupadas.
    • Hacé lo desagradable antes de lo placentero.
    • Evitá que las tareas crezcan o se acumulen.
    • Dividí las tareas grandes en pedazos manejables.
    • Desarrollá eficiencia, adelantando y agrupando tareas.
    • Delegá lo más posible.
    • Usá calendarios y libros de citas. Podrás encontrar varias aplicaciones móviles que te ayudan a organizarte.
    • Permití tiempo de sobra para citas.
    • Llevá  libro o tareas para periodos de espera.
    • Utilizá listas realistas.
    • Establecé prioridades.
    • Decí «No» a las responsabilidades opcionales.
    • Organizá tu hogar.
    • Reemplazá o arreglá lo que no funciona.

    Soluciones: apoyo y ayuda

    • Rodeate de personas de influencia calmante.
    • Desahogate con personas de confianza.
    • Creá  una red de sostén entre familiares y amistades.
    • Alterná con otras familias el cuidado infantil, transporte, mandados, y cosas por el estilo.
    • Tomá clases para padres de familia.
    • Procurá recursos de agencias, escuelas e iglesias en tu comunidad.
    • Consultá psicólogos y terapeutas profesionales cuando los necesites.

    Si cada día ponés en práctica por lo menos una de estas recomendaciones, te vas a sentir mejor o  menos estresada y más realizada. El estrés es parte de la vida de toda mamá, así que tenés que reconocer, reducir y relajarte.

     

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