Rubens: Un Señor can

  • Una historia de amor con mucha enseñanza.

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    Por esta vez me gustaría compartir con ustedes una historia verídica. Hoy no voy a hablar de problemas de conducta, ni de que está bien o que está mal realizar con nuestras mascotas. Les voy a contar la historia de Rubens, un perro que recogimos de la calle- El nos enseñó en muy poco tiempo que todos necesitan una oportunidad, y que si la aprovechamos podemos encontrarnos con cosas maravillosas.

    Eran un día laboral normal, me preparaba para ir a la Veterinaria, cuando vemos a un perro aproximándose por la vereda de mi casa. Nunca lo había visto antes. Omar, el Chofer de la Veterinaria, se encontraba conmigo. Lo llamo por el nombre de Rubens, a lo que el perro obedeció y se acercó. Se encontraba sucio y el pelo largo presentaba muchos nudos, pero no parecía desnutrido. Traje algo de comida con balanceado de mi propio perro. Me llamo la atención que comió únicamente el balanceado dejando la comida casera. No paso mucho para que Omar, me sugiriera bañarlo y sanitarlo, para luego investigar si tenía algún hogar.

    Posteriormente, Rurru (como cariñosamente lo llamábamos o Vaikue) quedo esplendido. Nos sorprendió desde el primer momento que no ladraba, no molestaba, estaba castrado y era muy educado. Dedujimos por la dentadura, que tenía 8 años si no más, pero no presentaba ningún problema físico aparente. Se convirtió en nuestro viejito.

    Debido a su anormal educado comportamiento y a que estaba castrado (esto no impedía que haga pis sobre cualquier objeto vertical que encontrase) estábamos seguros que debía haber pertenecido alguien. Pregunte por el barrio y nunca nadie lo había visto. Finalmente pasaron los días y Rubens se convirtió en uno más de nuestra Familia en Magrok Agroveterinaria. Cuando alguien entraba, él era el primero en saludar, pero sin mucha efusividad, simplemente se acercaba a mirar quien llegaba. La cola movía únicamente a los allegados. Su lugar de descanso era una esquinita en el mostrador de medicamentos que se encuentra bajo la caja. Allí se pasaba todo el día, acompañándonos en silencio, pidiendo de vez en cuando unos palitos como premio que realmente eran un vicio para él.

    Así pasaron los meses, se dejaba mimar, no nos pedía jamás, pero uno sentía ganas de abrazarlo y alzarlo, a lo que él se entregaba completamente. Los días de lluvia eran sus preferidos, ya que se acurraba con la Doc. Karen a hacer la siesta, mientras ella realizaba sus tareas. Cuanto más pasaba el tiempo, nos preocupaba que los fines de semana, se quedaba solo en la veterinaria. No nos parecía justo, sabíamos que podía ser muy feliz perteneciendo a un hogar.

    Nos pusimos en campaña y subimos su foto a Facebook. Como ya era viejito sabíamos que no contábamos con muchas chances ni íbamos a tener respuesta inmediata. Los perros mayorcitos no encuentran casa fácilmente. No me di por vencida y alcé otra fotografía de él, una que sin darme cuenta captó su mirada un tanto melancólica que a la vez despertaba muchas emociones.

    Al día siguiente una persona comenta que lo quiere. Le respondo sorprendida, comento que ya es mayor y que lo puede ir a ver a la veterinaria si realmente lo quiere adoptar. Ella me responde que iba a ir con su hermano para retirarlo porque estaba segura que lo quería.

    Así, un sábado llego Alison Townsend a nuestras vidas, “fue amor a primera vista cuando vi su foto” mencionó, y adoptó a Rubens sin dudar, sin preguntas, sin objeciones, se llevó una comida súper Premium y por supuesto no dejamos de darle muchos palitos.

    En la veterinaria faltaba alguien, estábamos tristes pero a la vez felices de que Rurru tenía una familia. Dormía con su dueña, jugaba, salía a pasear en auto (que le fascinaba) y a recorrer las calles. Era un perro feliz y hacia felices a las personas de la casa.

    Siempre hablábamos con Alison y buscábamos a Ru para su baño semanal. En esas ocasiones nos poníamos al día de cómo iba su vida. Al llegar a la vete iba directo a su esquinita debajo del mostrador, luego se bañaba y feliz retornaba a su hogar. Creo que él sabía que tenía dos hogares.

    Un domingo a la noche me escribe Alison comentándome que Rubens no quería comer, probó con un atún que comió muy poquito. Pensando que se trataba de una gastroenteritis que era muy normal en Rurru, le digo que al día siguiente a primera hora lo buscábamos para inspeccionarlo.

    Cuando Omar lo busca, Rubens se sienta en la entrada de la casa y al acariciarle la cabeza se desvanece. Me llama y me dice que su estado era muy grave, que se estaba yendo. Preparamos todo como para una urgencia. En minutos llegaron, la doctora Karen y recurrimos a todo y más para recuperarlo. Estaba muy pálido para luego ponerse amarillo. Luego de 5 min ya teníamos un diagnostico presuntivo. Rubens padecía de Erlichia.

    La erlichia es una enfermedad transmitida por garrapatas. Es endémica en nuestro país, causa anorexia, debilidad, fiebre, problemas gastrointestinales y hemorragias internas. Puede ser aguda, subclínica y crónica.

    Al mediodía del 21 de octubre, luego de 5 meses que había llegado a nuestras vidas, se nos fue. Las hemorragias internas se lo llevaron en menos de 12 horas. Rubens había tenido sólo dos garrapatas.

    Alison hasta hoy es parte de nuestras vidas. No se arrepiente jamás de haber adoptado a Rubens. Ella declara que Ru le enseño en solo un mes y medio más que muchas personas en toda su vida. Fue todo un señorcito, un caballero.

    Todos seguimos con un vacío muy grande pero a la vez nos pone contentos que Rubens vivió sus últimos meses con mucho amor y sobre todo, enseñó que adoptar un perro viejito tiene sus ventajas ya que están educados y son muy compañeros.

    Rurru siempre vivirá en nuestros corazones… ¿Y en el tuyo?

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