La educación como bien público

  • ¿Cómo mejorar la calidad de la educación en Paraguay? ¿Cuáles son las ideas que nos van a sacar de la mediocridad intelectual en la que estamos?

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    ¿Cuáles son los pensamientos y las acciones  que van a cambiar definitivamente las desventajas sociales de origen, que mantienen a tantos niños y jóvenes en la inequidad y por consiguiente, fuera de un sistema educativo de calidad?

    Escuchando y leyendo a diferentes referentes de la educación y de la sociedad en general, en estos últimos días, noté las enormes coincidencias que existen, en la necesidad urgente de llevar adelante un pacto por la educación, un gran acuerdo nacional.

    Y porqué no, proyectar esto de manera aún más ambiciosa. ¿Es posible pensar en que, una vez que ese pacto sea una realidad, podamos blindarlo y no tocarlo para poder ver resultados a mediano y largo plazo? Como ocurre con las políticas monetaria y fiscal, que una vez bien encaminadas y mantenidas, sin contaminaciones político-partidarias, han asegurado estabilidad, previsibilidad, credibilidad y seguridad para inversiones y esperando siempre resultados favorables.

    Por las enormes expectativas que hay, y por la trascendencia de la educación en la transformación de la sociedad,  el gobierno  del Presidente Cartes, no debería limitarse a nombrar a un ministro de Educación,  sino a la cabeza de un equipo con la capacidad, la idoneidad y la voluntad para llevar adelante una planificación estratégica de la educación, que provoque cambios que apunten fundamentalmente a acortar brechas, con igualdad de oportunidades para todos.

    Un  Ministerio de Educación que deje de lado viejos vicios, los cuoteos políticos, maestros al servicio de intereses partidarios, y su pesada e ineficiente burocracia , para convertirse en el gran articulador, porque es el responsable directo de todas las instituciones educativas  del país , que pueda  coordinar con las gobernaciones y municipios el uso ordenado, adecuado y funcional  de los fondos provenientes de la ley de Fonacide, para evitar  descontroles, malversación, y tantas otras situaciones de las que hemos sido testigos en los últimos meses, y que nos hacen ver que los problemas en nuestro país siguen siendo la pésima ejecución de los recursos y la corrupción que continúa gozando de absoluta impunidad.

    En estos nuevos caminos por los que debemos transitar, necesitamos personas  que ya no pongan excusas o den torpes explicaciones   a la hora de  enfrentar la ineficiencia, los bajos rendimientos y los pésimos resultados de estudiantes y docentes.

    El intelectual colombiano Bernardo Toro en una conferencia a la que tuve oportunidad de asistir decía que:” en América Latina, la educación contribuye a la fractura social. Cuando un sistema público tiene dos calidades deja de ser público, se convierte en corporativo. Es útil, dice él, mirar el ejemplo sueco. ¿Dónde estudia  el hijo del presidente de la Volvo? En el barrio donde vive. ¿Dónde estudia el hijo del señor que vende pescado en el barrio del presidente de la Volvo? En la misma escuela. El gran desafío para América Latina es construir un sistema público de educación en el que, independientemente de la escuela donde estudie un niño, tenga los mismos aprendizajes, reconocimientos y oportunidades. No hay nada más costoso que un niño que no se educa bien.”

    “Los pobres no pueden reemplazar lo que la escuela no les da”, nos dice Toro…”darles desayuno, merienda y almuerzo en estas circunstancias es una obligación. En zonas pobres y marginales la escuela se convierte en el gran espacio público”.  Sin embargo, aquí en nuestro querido territorio, todos los días la crónica noticiosa relata situaciones diametralmente opuestas. Niños que todavía estudian bajo los árboles, aulas en pésimo estado, sin infraestructura sanitaria, docentes mal preparados y peor remunerados, meriendas y almuerzos que no llegan, o que llegan a destiempo, que son de mala calidad o de dudosa procedencia. Y nos quedamos aún más estupefactos cuando escuchamos decir a una funcionaria de la gobernación del Amambay, por citar sólo un ejemplo de tanta incompetencia, que los niños no reciben  almuerzo todos los días,¡¡ porque  se cansan de comer!!

    Hoy podemos hablar en Paraguay de una mayor cobertura de la educación, pero ¿y si miramos  otras cifras?

    Deserción escolar muy alta.

    Cerca de 227.000 niños y adolescentes fuera del sistema escolar.

    Índices de desnutrición preocupantes.

    Según Rosa Elcarte, Representante de Unicef en nuestro país, si se tiene en cuenta  el 20% de la población más rica de zonas urbanas de Paraguay, esta alcanza  12 años de estudios en promedio, pero si se toma el 20% de la población rural más pobre, la cobertura se reduce a 5 años y si nos ocupamos de la población indígena, ahí la exclusión es aún mayor; solo 3 años.

    Y si además nos preguntamos cuan competitivos son nuestros jóvenes cuando terminan la educación básica y secundaria, nos damos cuenta que definitivamente en Paraguay, se tendrá que dar un gran y cualitativo salto si queremos ser parte de este siglo XXI que es, y será, el de la economía del conocimiento.

    Hay mucho por hacer, pero lo más acuciante es parar con esta educación que ha tenido más que nada un carácter reproductor de desigualdades, algo que se logrará como dice Bernardo Toro “a través de la abundancia y calidad de los bienes públicos que tenga una sociedad”. Más que decir que es “un problema estructural, siempre según el  pensamiento del colombiano, lo que ayuda es,  pensar cómo hacemos para que la educación sea un bien público”.

     

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