El desafío de las buenas noticias

  • Hasta el último día de inscripción a la facultad tenía la duda de que carrera iniciar. En los últimos días de mis dudas vocacionales habían quedado para jugar el partido final Periodismo vs. Educación Parvularia. Entre mis dos pasiones: los niños y la escritura, finalmente me decidí por seguir la carrera de Ciencias de la Comunicación para convertirme en periodista, sobre todo especializada en deportes.

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    En el camino, mucha gente me dijo que ser Maestra Jardinera era lo mío debido a mi candidez y mi postura bastante idealista ante la vida. “En la prensa te van a hacer daño Gilda”, “Te vas a desilusionar muy pronto” “sos muy buena para estar en esos lugares”, fueron alguna de las advertencias de familiares y amigos más cercanos.
    Mi decisión la asumí justamente como un desafío ante estas recomendaciones. Y admito que en el camino si me dañé mucho. Pero si uno cree en la justicia y en la verdad, ¿cómo puede contribuir si se aísla en una isla de ideales? Así fue como inicié el camino en la comunicación, debatiendo constantemente sobre un tema que hasta ahora defiendo a ultranza: la gente sí quiere leer buenas noticias, no solo lo malo vende.
    Aclaremos que esto no significa transmitir una imagen de “país de las maravillas”, sino que por el contrario, implica el compromiso de transmitir a la gente que principios como la honestidad, la ética y la lealtad si valen la pena. Si constantemente transmitimos a las generaciones que la vida solo está compuesta de gente que triunfa a través de los anti valores, ¿Qué motivación damos a estudiantes y trabajadores de que su sacrificio tendrá su recompensa?
    Una tapa de revista de una modelo puede generar impacto, pero lo que realmente nos hace mejores personas – y también sin dudas es noticia – es ver el ejemplo de una compatriota como Berta Rojas que públicamente lucha contra una enfermedad como el cáncer, para así conectarse con muchas mujeres y hombres que como ella, luchan por un mejor porvenir. Eso es generar empatía.
    Desde que mi hijo nació y falleció, mi nivel de sensibilidad aumentó el triple. He conocido innumerables historias de heroínas y héroes, que han sacado lo mejor de cada uno en la adversidad. Es por esto que comprometernos con las buenas noticias no significa esconder lo que se hace mal, sino que por el contrario tiene que ver con sacar a la luz aquello que brilla en la oscuridad. Las personas de bien deben ocupar el sitio que les corresponde. Ellos son los que hacen de este país – y el mundo – un mejor lugar.

    Bien dice una frase, que “destruir es mucho más fácil que construir”. Obviamente el llenar nuestro día a día de malas noticias es mucho más fácil que dedicarnos a encontrar a los protagonistas que den esperanza a nuestra vida. Es por esto que el rol de comunicador no está en la oscuridad de un escritorio, sino en la luz de la realidad. Un desafío que va más allá de la vocación. Es nuestro compromiso como seres humanos.

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