Ahora sí

  • Menchi comparte recuerdos de cómo acabó su etapa en «El Ojo» y cómo se inició la que vive hasta hoy.

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    Era el año 1998, yo había terminado aquel recordado ciclo de «El Ojo» hacía ya dos años. Con Augusto Barreto, mi productor periodístico, habíamos tomado la decisión de no continuar. En esos últimos capítulos, donde se mostraban claros indicios de la participación de autoridades en todo tipo de ilícitos, fuimos los únicos convocados -una y otra vez- al Palacio de Justicia, para  distraer la atención seguramente, o con la única intención de que reveláramos nuestras fuentes.

    Recuerdo que unos meses antes de la despedida, en una pasantía por el canal Globo de televisión, el principal responsable del programa estrella de investigación periodística “Globo Reporter”, nos aconsejaba: «Una cosa es saber que en esta actividad uno corre riesgos, lo otro es meterse a la cueva del lobo». Para continuar nos sugerían contar con un buen equipo de abogados. Definitivamente esa no era nuestra situación. Ésto, sumado al ya casi nulo apoyo empresarial (todos los auspiciantes habían huido), nos llevó a poner punto final a este inolvidable y enriquecedor episodio de mi vida profesional.

    Se iniciaba así otra etapa, una donde las emociones iban a ser protagonistas, con la misma honestidad de siempre, y ahora con la posibilidad de mirarnos a los ojos para testimoniar agradecimientos, reconocimientos, afectos. Haciéndolo sin cursilerías, reivindicando la necesidad de  decirnos cosas, de desenredar viejas historias. Y lo hicimos a través de los relatos de gente sencilla, de personas que a pesar de sus limitaciones y sus sufrimientos, podían ser ejemplos de tolerancia, perseverancia y lucha.

    Por ese espacio también pasaron nuestras grandes figuras, de todos los ámbitos, de las letras, del teatro, de la ciencia, del deporte. Hombres y mujeres que  recibían gestos de sus propios pares que eran capaces de dejar de lado vanidades, para ser también parte de esos merecidos homenajes. Representantes de ese Paraguay trabajador, honesto, decente, talentoso. Y en ellos nos pudimos identificar, pudimos creer, dibujar un país distinto, soñar.

    Ese era el nuevo espacio de encuentro, distinto a los anteriores, pero igual de poderoso; y hubo gente que no lo entendió, que se negó a la fantástica posibilidad de dejar que el afecto hiciera de las suyas, le tocara el corazón y le  desencadenara cosas. Y me tildaron de banal y superflua. Y los que lo hicieron simplemente se perdieron una brillante oportunidad de sentir, de involucrarse, con todo el compromiso que ello implica. Como aquellos que creen que lo fundamental y lo comprometido no pasa por sellar el destino de nuestros niños brindándoles un libreto de fortaleza y no de vulnerabilidad para enfrentar sus vidas y sus desafíos.

    Me entristece pensar que hay personas que creen que lo esencial pasa por otro lado y no por el afecto. En el comentario anterior, lo más intrascendente que te conté es que soy abuela , eso es sólo importante para mí, como han sido otras cosas que me pasaron en la vida. Todas tuvieron un momento y un por qué. No hay unas más importantes que otras, todas me convierten en lo que soy, nada especial, pero irrepetible, como vos.

    No te quedes en mi anécdota, en una de esas, algunas de estas líneas, te sirven para entender que un adulto exitoso y feliz se forma en ese ambiente de  protección, abrazos sin límites y límites con abrazos, contención, calidad de tiempo y muchos cuentos antes de ir a dormir.

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