Matthew McConaughey, cansado de ser tan atractivo

  • El actor tejano ha dado un giro a su carrera, consiguiendo el reconocimiento de la crítica cinematográfica.

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    Por Paula de Alba

    Matthew McConaughey se ha cansado de hacer de hombre guapo. Desde que comenzó su carrera como actor, en 1994, sus personajes se han circunscrito a la comedia romántica.

    Un atractivo científico que buscaba vida extraterrestre (Contact, 1997), un prometido “cazado” por Jennifer López (Planes de boda, 2001), el chico perfecto para una Kate Hudson que experimentaba con las relaciones (Cómo perder a un chico en 10 días, 2003) o un explorador aventurero que salvaba al mundo de un peligroso virus (Sáhara, 2005).

    Pero Matthew McConaughey ha demostrado que no solo sabe entregarse como galán. Breve y alabada ha sido su aparición en la última película de Martin Scorsese, “El lobo de Wall Street”, donde, sin economizar gestos, interpreta a un tiburón de las finanzas que se deshace en consejos hacia un novato Leonardo Di Caprio, mientras no da tregua al alcohol.

    El norteamericano es de los pocos actores que han conseguido quitarse el lastre de las comedias románticas para asombrar al público bordando otros registros. ”Mud” fue la responsable del principio de su desencasillamiento el pasado 2012. Con su interpretación consiguió el premio a mejor actor en lengua extranjera de los Premios Días de Cine. El actor interpretaba a un fugitivo que se había visto envuelto en un crimen por amor y se ocultaba de los cazadores de recompensas.

    El segundo gran éxito vino de la mano de “Magic Mike”, a las órdenes de Steven Soderbergh, quien le propuso el papel de Dallas, el dueño de un club de striptease masculino que le reportó los premios Independent Spirit y New York Film Critics Circle Awards, ambos como mejor actor de reparto y que despertaron una respuesta positiva por parte de la crítica cinematográfica.

    Pero el éxito rotundo de Matthew McConaughey en la gran pantalla le ha llegado este año, con el papel que más trabajo le ha costado de su carrera, el de Ron Woodroof en “Dallas Buyers Club: El club de los desahuciados” en el que el actor norteamericano encarna a un tejano cowboy de rodeo drogadicto y mujeriego afectado por el SIDA.

    La película está ambientada a principios de la década de los 80 cuando el virus comienza a afectar a una parte de la población del mundo que, asustada, intenta buscar fórmulas para alargar su esperanza de vida mientras sufre un gran rechazo social.

    Para esta interpretación el actor, tejano como su personaje, tuvo que adelgazar más de 25 kilos en cuatro meses, pero no fue ese el único reto ya que la película se rodó en menos de treinta días y sin ensayos previos.

    Y recogió fruto: un desmejorado Matthew McConaughey fue galardonado con el Globo de Oro y el SAG gracias a su estremecedora recreación de Ron Woodroof y acaba de recibir su primera nominación al Óscar, lo que le ha convertido en uno de los actores mejor valorados de Hollywood.

    Hijo de una profesora y de un jugador de fútbol americano, McConaughey, para meterse en el papel del homófobo vaquero al que le diagnostican un sida terminal, tuvo diversas reuniones con la familia de Woodroof, que le cedió sus diarios íntimos, escritos que le permitieron conocer a fondo “Dallas Buyers Club”, un grupo de activistas con el que el Ron Woodroof buscaba medicinas alternativas para curar su enfermedad mientras el gobierno americano presentaba divisiones internas sobre cómo combatir el virus.

    Casado desde hace dos años con la modelo brasileña Camila Alves y padre de tres hijos, es un perfeccionista que pese al acusado descenso de sus ingresos, después de un año sin ofertas de trabajo porque se propuso elegir minuciosamente los papeles que le ofrecían, se muestra satisfecho con su cambio de registro, un acierto que le ha puesto en la estela de una estrella emergente.

    Dos décadas después de su bautismo en el negocio del cine, este escritor de sus propios diarios del que dicen que hasta plastifica los guiones para poder repasarlos en la ducha, pisa, a los 44 años, la senda del éxito. EFE

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