Del piropo al acoso, hasta llegar a una amenaza de muerte

  • Una situación densa es la que tuvo que enfrentar Nadia, quien de una escena hasta si se quiere “normal” de recibir un piropo, casi terminó recibiendo recibiendo un disparo. Ofuscado por no ganar su atención, un hombre que la seguía en su vehículo la apuntó con un arma. Ocurrió en Ñemby.

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    Sí, el simple hecho de no responder a los “halagos” de un desconocido en la vía pública quizás le pudo costar la vida a Nadia Ramírez, quien vio amenazada su vida en la tarde de este lunes.

    ¿Cuántas mujeres más viven esta realidad a diario en nuestro país? Esto ocurrió en la ciudad de Ñemby.

    “Trabajo en una obra, mi trabajo queda a unas cuadras y voy caminando a mi casa. Dos cuadras antes de llegar a casa me percato que un auto (furgoneta azul) me está siguiendo despacio”, comienza relatando.

    Comenta que los piropos son algo hasta casi normal en nuestro país, pero el hecho de que la sigan despertó su miedo, hasta quedar congelada cuando el conductor del vehículo fue subiendo de tono, pasando a insultarla a los gritos, amenazándola con violarla y hasta matarla.

    “Me empieza a decir hermosa, bebé, cosas así. Yo no le hago caso, ni siquiera le miro. Como el tipo seguía, le dije que era un maleducado”. Él insistía, haciendo ya referencia a su cuerpo, entonces ella responde y le pide que se aleje.

    “Entonces doy vuelta y le digo: ¿a vos te va a gustar que a tu mamá, a tu hermana o a tu novia, no sé qué tenés, le digan así? Y él responde: sos una maleducada, agradece que te estoy diciendo cosas, que no sos fea. Y yo le dije: Yo sé que no soy fea, pero no hace falta, no me gusta que me digan nada y mucho menos que me estén siguiendo”.

    Lejos de acabar con el acoso, comenzaron los insultos. Él la trató de lesbiana, por no aceptar sus piropos y amenazante dijo que le enseñaría a ser mujer, amagando desprenderse los pantalones y abrir la puerta del vehículo.

    En su desesperación, Nadia le pide que se aleje y toma una piedra para defenderse. Él responde automáticamente: “Me tiras eso y te voy a meter plomo”. Aterrada, arroja la piedra contra la furgoneta y él nuevamente toma un arma de su guantera y le grita: “Empezá a correr porque te voy a alcanzar y te voy a meter plomo”.

    Ella, del susto, hasta llegó a orinarse. Primero quedó congelada, pero luego tomó coraje y corrió los pocos metros que le faltaban para llegar a su casa.

    Pero ahí no acabó el miedo, su hijo y su mascota salieron a su encuentro como cada tarde, y ella desesperada y los tomó para entrar y evitar recibir algún disparo del depravado.

    Para completar el mal rato, luego de varios minutos de estar encerrada el baño, aterrada por la situación, dio aviso al 911, y los oficiales, sin dejarla terminar su relato, le manifestaron que lo único que podían hacer es tomarle la denuncia, y nada más.

    Hoy ella debió comenzar su día como si nada hubiera pasado, porque no hay quien la defienda. Pero sí se acabaron las caminatas, no sabemos hasta cuando. Ahora, esas 8 cuadras, las recorre en taxi.

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