¿Casarse o convivir?
La personalidad determinaría la respuesta a esta pregunta, según un estudio. Dar el sí ante las leyes o simplemente convivir, depende de los rasgos personales.
La personalidad determinaría la respuesta a esta pregunta, según un estudio. Dar el sí ante las leyes o simplemente convivir, depende de los rasgos personales.
La sexóloga Alessandra Rampolla da unos consejos para aquellas que deciden vivir su libertad sexual más allá de la pareja monógama: ¡las reglas claras!
La red mundial de información se ha convertido en nueva forma de generar vínculos románticos que, si bien no implican contacto físico —al menos en el inicio—, no dejan de contener fuerte carga sexual.
Según estudios realizados recientemente, la práctica de sexo oral durante el embarazo, ayuda a evitar la preeclampsia, complicación que ataca a un 10% de las mujeres en estado de gestación.
El Colegio Americano de Cardiología presentó en su 63ª Sesión Científica Anual un estudio en donde se comprueba que las personas casadas tienen un menor número de enfermedades cardiovasculares comparadas con aquellas que son solteras, divorciadas o viudas.
Ni feromonas, ni primavera, ni lo que comúnmente denominamos «química», investigadores médicos israelíes aseguran que el origen de la atracción sexual que sentimos por otra persona responde en realidad a una impronta genética presente en los dos miembros de la pareja.
“Se suele asumir que la mejor manera de terminar una relación amorosa es embarcándose mágicamente en una estrecha y feliz amistad”, señala la doctora en psicología y escritora, Andrea Bonior. Sin embargo, para la experta esto muchas veces no es así y de suceder, requiere de tiempo. Además, para ser amigos deben cumplirse ciertas condiciones.
Cuando el acto sexual se convierte en una herramienta para conseguir beneficios de la pareja, se habla de manipulación sexual, una clara evidencia de la falta de comunicación en la relación.