La muerte es inevitable, la indiferencia no
No importa la clase social ni la nacionalidad, la muerte siempre deja un gran vacío de alma, cuerpo y espíritu a aquellos que sufren la partida de un ser querido. Y si se trata de la muerte de un hijo al que se esperaba para darle la bienvenida a la vida, el dolor se agudiza porque la sociedad no permite a los padres vivir su duelo y recordar a sus bebés, y en muchos casos los profesionales de la salud no cumplen los protocolos recomendados en situaciones tan extremas.
