Padres separados, si… ¡peleados no!

  • Lo que genera el trauma en los niños es la competencia entre los padres.

    Compartir:

     

    Hay mucha preocupación porque los niños crezcan entre padres separados, padres que no vivan juntos, el no darle una familia a los hijos y que esto genere en ellos un trauma irremediable. Por sostener esta familia llegamos a vivir bajo condiciones agresivas, evasivas, insoportables.

    Lo que en realidad un niño necesita son padres unidos, unidos en la forma de la crianza, en la metodología de los premios y de los castigos, en que ambos pares vayan para el mismo lugar.

    Lo que genera traumas es la competencia entre padres, la compensación de uno con regalos sobre el mal trato del otro en forma de límites.

    Los hijos no son jueces de la relación, no saben qué funcionó y qué no, no entienden quién es el culpable de la situación. Son pequeños seres humanos que aún están creciendo, formándose, y aunque a veces repiten palabras u oraciones muy complejas, siguen siendo niños en su formación física, emocional y social.

    Si los padres se separan porque ya no son felices o porque deciden que es lo mejor para ellos y cada uno de estos respeta y hace respetar al otro ese niño crecerá en un ambiente de respeto.

    Pero es muy común que tanto la madre hable mal del padre o que el padre haga incumplir la palabra de la madre, hasta llegan a decir cosas como “no le hagas caso” y esto se da en padres que viven bajo el mismo techo o padres que ya no viven juntos.

    Lo importante para su hijo es ver modelos de adultos sanos, sin rencores, sin recriminaciones, sin competencia. Por esto separarse es buena opción si eso los lleva a ser una pareja sana de padres, en donde la mujer hace valer al padre que vive afuera. De nada sirve vivir todos bajo el mismo techo faltándose al respeto constantemente.

    El conflicto entre los padres debe quedar en los adultos, caso contrario si están criando a un hijo con heridas emocionales complejas esto van a acompañarlo toda su vida.

    Saná tus heridas pasadas, tu relación, tus emociones para ser una mejor guía para tu hijo.

     

    Por Lic. Romina Geli

    Psicóloga clínica

    Mat. N° 1.076

    Compartir:

    Más notas: